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Mi esposa es una zorra y hasta se embarazó de otro, pero yo tuve la culpa
Jun 13/ 2011

Nunca me imaginé llegar a este límite con mi esposa y mucho menos que ella accediera a mis peticiones.

Hola me llamo Luis y debo confesar que me costó mucho trabajo decidirme a escribir esta historia de cómo gradualmente convertí a mi esposa en más que una piruja y como este proceso culminó en hacer realidad una fantasía: que a mi esposa la preñara otro. Esta es una historia verdadera que inició dos años después de casados y que como les mencioné logré que mi esposa gradualmente no solo aceptara sino que deseara quedar preñada de otro hombre. Es la historia de cómo mi esposa estuvo obsesionada con que otro hombre la penetrara “a pelo” y se viniera dentro de su vagina. Tanto deseaba mi esposa quedar embarazada de otro hombre que estuvo dispuesta a aceptar las consecuencias de llevar en su vientre un hijo de otro y después tener que criarlo.


Debo dejar muy claro que todo, todo lo que mi esposa y yo hicimos fue con el consentimiento y pleno conocimiento de lo que ambos hacíamos.


Que equivocados están quienes creen que convencer a tu esposa de que tenga relaciones con otro hombre y además, que deje que la embarace es cosa de un día para otro. El sexo con otro u otra estando casados es algo totalmente diferente a que tu esposa voluntariamente acepte tener cambios serios temporales en su cuerpo durante el embarazo y un cambio permanente en su vida como esposa y madre y la tuya como esposo.


Mi esposa y yo tenemos una relación de mucho tiempo, nos conocemos desde hace muchos años, nos hicimos novios en la secundaria y nos casamos muy jóvenes. Mi esposa Alba es de muy buen ver, no es flaca como se acostumbra hoy, tiene un cuerpo que llama la atención, sus pechos son pequeños, nunca se ha querido operar, tiene unas nalgas y piernas que despiertan el apetito sexual y más cuando se pone faldas cortas. Su trasero se le antoja a muchos. De cara muy bonita, muy blanca, de pelo castaño y ojos cafés. No porque sea mi esposa pero en la secundaria y hasta ahora llama la atención a donde vamos y si se viste un poco provocativa ….. más aún.


Muy pronto después de casados, mientras hacíamos el amor iniciaron las fantasías, fantaseábamos con que ella permitiera que otros hombres la vieran desnuda, ella sabía cuanto me encendía y calentaba esa fantasía, mientras se la metía y la penetraba una y otra vez, le preguntaba si se había dado cuenta como la veían otros hombres durante el día, si pensaba como se imaginaban esos hombres cómo se vería desnuda, y si ella creía que se les antojaría poseerla, ella se calentaba y yo más aún, le preguntaba si no le gustaría que la vieran desnuda, que supieran lo buena y caliente que era además de bonita y sexy. Esto la prendía, hacía que se mojara y escurriera y yo se lo decía una y otra vez, cuantas veces hacíamos el amor.

Un día sin saber como reaccionaría mientras estabamos en plena acción, le sugerí que por qué no intentábamos convertir nuestra fantasía en una realidad; al principio me dijo que estaba loco, que como me atrevía a proponerle algo así, que una cosa era que lo platicáramos entre nosotros y otra que fuera real. No insistí ese día, volvía a tocar el tema tres días después diciéndole lo mucho que me calentaría a mi, que me haría desearla más, que nadie la tocaría solo la observarían y que ese sería nuestro secreto. Después de insistir una y otra vez, finalmente accedió a hacer la prueba y muy pronto después hicimos un viaje, le sugerí y aceptó, que sería muy fácil si ella se pusiera un “baby doll” transparente y pidiéramos “room service” en el hotel, de esta manera podría dejar que la viera casi desnuda un desconocido sin consecuencias; yo permanecería en el baño y dejaría la puerta semiabierta para poder ver.

Así lo hicímos, tocó el encargado de servicio a cuartos era un joven que no daba crédito a lo que veía, Alba frente a él con un “baby doll” rosa, de faldita corta, diminuto calzón, los pechos sostenidos por una telita muy delgada transparente que permitían ver sus erectos pezones, mientras el joven acomodaba el servicio mi esposa se las agenciaba para pasearse frente a él y como yo le había pedido, simuló que se le caía algo y se agachó a recogerlo dándole la espalda, toda la redondez de sus nalguitas quedó al descubierto para que el mesero la viera. Estoy seguro que en ese momento el joven solo pensaba en lo mucho que gozaría estando a solas con mi esposa. También debe haber pensado que clase de piruja tenía enfrente. Funcionó y después de que salió del cuarto, mi esposa y yo tuvimos sexo como locos, ella estaba que ardía, su vagina escurría, no había duda que a ambos nos había calentado la experiencia, mientras la penetraba y la embestía una y otra vez le preguntaba si le había gustado portarse como una zorra, ella me contestaba una y otra vez que primero había estado nerviosa pero que después cuando sintió como se mojaba frente a ese extraño, solo pensaba en que le metieran un pene una y otra vez. Lo hicimos como nunca.

Este juego se repitió por dos años, cada vez le agregábamos algo extra, ya no era solo el “baby doll” transparente, ahora fue una bata larga que además de ser trasparente dejaba abierta al frente exponiendo a la vista su vulva. Una y otra vez después de exhibirse lo hacíamos como locos, poco a poco se estaba convirtiendo sin darse cuenta en una prosti, cada día ponía menos resistencia a las novedades, había nacido en ella y crecía un deseo que se convertiría en adicción a enseñar. Era ya sin saberlo, una “exhibicionista”, se había convertido en una "cualquiera" que gozaba cuando la veían y se calentaba con que otros la vieran y a mi me ponía al rojo vivo. Una vez se puso un “baby doll” tan corto y tan abierto de arriba que dejaba ambos pechos prácticamente a la vista, y lo poco que se tapaban, se transparentaba. Abajo, era tan corto que la faldita ni media nalga le tapaba y en consecuencia dejaba todos sus genitales al descubierto. No dejaba nada a la imaginación. El cambio en ella había sido fenomenal, fue ella quien sugirió que compráramos ese “outfit” en una sex shop.

 No cabe duda que aquella mujer conservadora con la que yo me casé ya era una mujersuela, pero eso me exitaba.


Ahora cuando teníamos sexo ya fantaseábamos no solo con que la vieran desnuda, ahora le gustaba que le preguntará que era ella y me contestaba una y otra vez. Una puta, soy putísima, me gusta ser puta, tu puta, me gusta que me vean, me gusta imaginarme desnuda frente a varios hombres con sus  penes de fuera parados, me decía.


Ya para entonces los dos necesitábamos más, queríamos probar algo nuevo y estuvimos de acuerdo en que en nuestro próximo viaje haría los arreglos para que un masajista viniera a nuestro cuarto a darle un masaje y si ella no objetaba, el terapista continuaría su masaje en partes de su cuerpo cada vez más y más intimas hasta donde ella quisiera. El día llegó, hice los arreglos necesarios con un masajista que me recomendó el conserje del hotel, hablé con el masajista un joven musculoso de buen ver y fijamos las condiciones y la hora a la que vendría al cuarto del hotel. Estaba entusiasmado, insistió en preguntar si yo estaba de acuerdo. Dije que claro.


Mi esposa y yo decidimos que lo más apropiado sería que se pusiera un tipo bikini de dos piezas. El masajista llegó con su camilla, ella se acostó y yo hice como que leía una revista, pusimos música tranquila en el radio del cuarto, mi esposa se acostó boca abajo y él, Pablo, así se llamaba el masajista empezó poco a poco a correr sus manos sobre el blanco cuerpo de mi esposa, la espalda, las piernas, el cuello, la cintura sin darme cuenta en qué momento, Pablo bajó la mano, la puso ligeramente por de bajo del calzón de mi esposa, en sus nalgas, ella no objetó, lo que es más, pude observar como ella se movía ligeramente con placer. Era una señal, la señal que Pablo necesitaba para ir más allá, más profundo. Mi esposa había aceptado que además de que alguien la viera desnuda, ahora, aceptaba que un extraño la tocara, la manoseara. Lo que empezó con una discreta caricia en las nalgas se convirtió en un frenético cachondeo de piernas, cintura, cuello, Pablo despojó a mi esposa del calzón de su bikini, la volteó y cuando la tuvo a la vista boca arriba la despojó del brassiere dejándola por primera vez totalmente desnuda frente a un extraño. Mi esposa no ponía objeción, de vez en cuando me volteaba a ver como buscando mi aprobación y yo cada vez le sonreía como diciéndole: sigue vas muy bien y claro cada vez se me paraba más mi pene. Pablo la tenía a su merced, hacía lo que quería y ella no ponía objeción, las manos de Pablo acariciaban todo el cuerpo desnudo de Alba, puso su mano en su vulva, con esa confianza Pablo se bajó los pantalones y su tanga y sacó su pene, un singular miembro, grande y grueso y lo acercó a la boca de mi esposa, ella al principio se resistió, Pablo insistía acercándola a sus labios carmesí hasta que ella accedió primero a besar la punta del pene de Pablo y luego lo metió tímidamente en su boca, segundos después Pablo aprovechó que Alba había consentido y lo metía y sacaba de su boca, Pablo tuvo que parar dos veces para explicarle a mi esposa como debía mamárselo, debo mencionar que en todo el tiempo de casados nunca había aceptado hacerme sexo oral, era virgen en la boca, entonces ella no pudiendo más explotó y dijo lo que yo había esperado siempre, primero casi imperceptible dijo aayyy… aayyyyy… mmmmm…. Que rico….. penetrame por favor, conforme se calentaba subió el tono de voz y gimiendo, practicamante a gritos suplicaba: hazme tuya  le decía una y otra vez, estoy escurriendo, ya no puedo más, te necesito dentro de mí, por favor, no me dejes así, penetrame, quiero sentir tu pene, méteme tu pene, hazme tu puta, por favor. Penetrame pero ponte un condón le pidió. Este fue el inicio de una nueva vida. No cabe duda. Había nacido una ZORRA.


Continuamos con nuestras experiencias sexuales, ya no recuerdo cuantos hoteles visitamos aunque los masajistas eran esporádicos, el libido en mis esposa iba en aumento.


Justo después del nacimiento de nuestro segundo hijo, ahora ya estábamos en el quinto año de nuestro matrimonio, una noche de sexo le pregunté si consideraría que otro hombre la penetrara sin condón y se viniera dentro de ella. La sola mención de la idea no solo le molestó, se ofendió y dejó de hablarme por varios días, pedí disculpas una y otra vez aún cuando en el fondo siempre supe que su enojo y resistencia era precisamente una reacción para ocultar lo que ella realmente quería o deseaba. Hicimos las paces, y volvimos a la normalidad, vida, sexo, exhibicionismo una y otra vez hasta que me volví a animar y encontrando el momento propicio le volví a preguntar si habría alguna posibilidad de que tuviera sexo con otro hombre sin condón y se viniera dentro de ella. Su reacción no fue como la primera vez, me dijo que lo pensaría y me daría su respuesta en unos días.


Fueron los días más largos de mi vida, no me atrevía a tocar el tema otra vez por miedo a cual sería su reacción. Hasta que una noche en la cama me abrazó y besó y me dijo: “y esa idea loca que tuviste cómo la quisieras llevar a cabo?”


Después de mucho platicar decidimos hacerlo. La pregunta era cómo y con quien. Acordamos que debería ser con alguien desconocido, de preferencia fuera de la ciudad o de la zona donde vivimos, y lo más importante si iba a permitir que la penetraran sin condón, cómo podíamos garantizarnos que no quedara embarazada y más importante aún, si era un desconocido cómo asegurarnos de no correr el riesgo de que la persona fuera VIH positivo. Pasaron los días y no encontrábamos la solución a los dos “peros” de nuestra aventura. Conforme pasaban los días nuestra inquietud, nuestros deseos crecían, no hablábamos más que de este tema, y mientras más lo platicábamos más se nos antojaba.


Aún sin encontrar la respuesta a nuestras inquietudes una noche salimos a festejar el cumpleaños de su prima Luisa, fuimos a cenar y terminamos en un bar en la zona Rosa, ella, Alba iba muy sexy, se había puesto una de esas faldas cortas que dejan al descubierto la mayor parte de sus bien torneadas piernas y muslos, no llevaba medias y solo un panty que en la parte de atrás se metía entre sus dos redondas y tersas nalgas. Una blusa con amplio escote al frente permitía apreciar sus pechos que aunque pequeños, firmes y de singular contorno. Al calor de las copas y mientras bailábamos y le subía la falda y acariciaba sus nalguitas, la besé y le dije: zorrita ya no puedo más, no duermo pensando cómo y quien te puede hacer el amor sin condón, si realmente me quieres y estás dispuesta a hacer lo que sea por mí, en vez de buscar el cómo no, buscamos el como si, ella no me entendió y me dijo, estás borracho o me estás tomando el pelo, no te entiendo y yo le contesté, no nena no estoy borracho ni bromeando, ¿por qué en vez de pensar cómo no te embarazas? porque no pensamos cómo lo hacemos para que te embaraces. Ella se detuvo, paró en seco y me dijo. Me estás proponiendo que te sea infiel para que me embarace de otro hombre, quieres que me preñe otro que no seas tú, quieres que lleve en mi vientre el hijo de otro hombre, sabes lo que me estás pidiendo? Soportarías ver como me crece la panza sabiendo que el hijo que llevo dentro no es tuyo? Estás loco? Por un momento no dije nada pero segundos después, que parecieron una eternidad, no se de donde saqué fuerzas que le contesté SI, si eso te estoy pidiendo…. Hubo un silencio sepulcral por unos instantes que me parecieron minutos, Alba me abrazó muy fuerte, juntó sus labios a los míos y sin yo poder creer lo que oía me dijo…. Si eso quieres eso hacemos, te doy gusto en lo que quieras…. Te quiero, llévame a la casa, hazme el amor, estoy muy caliente, me muero de ganas de tener tu pene dentro de mi. Hazme tuya, vámonos… Te podrás imaginar como lo hicimos llegando a la casa.


Sin decirle a mi esposa y habiendo calculado su periodo de ovulación, organicé un viaje de una semana a la Riviera Maya a un lugar y hotel que me habían recomendado unos amigos muy reventados. Dos semanas antes del viaje me las agencié para no tener sexo con mi esposa. Quería que llegara ardiendo a la Riviera Maya, y más aún, se me había metido en la cabeza que si ya había aceptado que la penetraran sin condón, quería estar seguro que si la embarazaran.
El tema del SIDA no volvió a salir a relucir en nuestras conversaciones y menos cuando hablamos del viaje. A mi me vino a la mente en varias ocasiones y no se si con toda intención o no, lo borraba de mis pensamientos y pensaba en otra cosa.


Para no hacer la historia tan larga, llegamos al Hotel en la Riviera Maya, un lugar con unos jardines y alberca espectaculares. La primera vez que bajamos a la alberca mi esposa llamó la atención, como lo habíamos planeado, por lo miniatura de su bikini que poco dejaba a la imaginación, habíamos acordado que ella coquetearía con los hombres solos que hubiera. Cual sería nuestra sorpresa que alrededor de la alberca estaba un grupo de cinco extranjeros, nos las agenciamos para ocupar unos camastros al lado de ellos. Hablaban en francés, mi esposa se quitó una pequeña blusa dejando al descubierto el top de su bikini que dejaba a la vista más de la mitad de sus senos. Se acostó boca abajo y desamarró el top, el espectáculo era increíble por lo diminuto del calzón de su bikini dejaba ver toda la redondez de sus nalgas, y sin el top, parecía que estuviera totalmente desnuda boca abajo. Dos de los franceses no le quitaban los ojos de encima y entre ellos comentaban algo, supongo que era sobre mi esposa. De repente ella hizo un movimiento inesperado para mi, se volteó y como si hubiera sido accidental, dejó al descubierto sus desnudos pechos, con lentitud estiró la mano en búsqueda de su top, y con toda intención para que los franceses que ahora la observaban sin disimulo. tardó en encontrarlo.


Ese era el momento que estaba esperando, me levanté y le murmuré algo a mi esposa en el oido: “Ahorita vengo voy por unas bebidas al bar, te dejo en buenas manos, aprovecha ahora que tienes su atención y seguramente están calientes por ti.


Mi esposa me dijo que después que me fui y estuve fuera de su vista dos de ellos se acercaron a ella y en muy mal español iniciaron conversación con ella, mi esposa había llevado francés en la secundaria y aunque no podía conversar, si entendía muchas palabras, o por lo menos creyó entender. Uno de ellos puso su mano sobre su muslo y como ella no objetó, el otro hizo lo mismo. La muy prosti de mi esposa no perdió tiempo y tomó la mano de uno de ellos y la llevó hasta su entrepierna, el mensaje era claro, prácticamente les decía tómenme, mi esposa metió su mano a su bolsa de playa y sacó la llave del cuarto y sonriendo la entregó a uno de ellos y le dijo “dix heures” a las diez.


Esa noche bajamos a cenar en la palapa del hotel, nuevamente mi esposa vestía por demás provocativa, una faldita corta medio trasparente, sin ropa interior. Nuestros amigos estaban en una mesa en la esquina, solo pude observar como los que daban el frente le sonreían maliciosamente y uno de ellos levantó la llave discretamente y se la mostró a mi esposa a lo lejos.


Cenamos y un poco antes de las 10:00 mi esposa me explicó que era el momento que habíamos estado esperando, ella se levantó de la mesa haciéndose notar y volteando a verlos, les sonrió y se alejó hacia nuestra cabaña que estaba en la parte de atrás de la palapa. Como lo habíamos acordado yo me pasé a una mesa del bar con un puro, como diciendo tómense su tiempo que yo voy a fumar mi puro y me toma tiempo.


Vi como primero dos de ellos y luego otro se levantaron de la mesa, el último en levantarse le entregó un celular a uno de los que se quedó sentados. Estoy seguro que era para que les avisara de mis movimientos.


Alba me contó que poco después de que entró al cuarto oyó como metían la llave en la cerradura y tal como lo había anticipado, entraron los tres franceses, ella les sonrió y ellos se avalanzaron sobre ella, uno besándola, el otro metiendo la mano debajo de su falda y el tercero cogía sus pechos y los besaba, la despojaron del vestido y como lo habían anticipado, debajo del vestido solo había desnudez total. Me platica Alba como se besaron, la mañosearon morbosamente, de repente le introdujeron dos dedos en su vagina, después, por primera vez su virgen ano estaba siendo penetrado por los dedos de unos extraños, ella solo oía como por momentos le hablaban en francés, luego le decían palabras en inglés y en muy mal español. Pute, whore, puta, de todo le decían, magnífica, belle, desnudos todos se turnaban para que mi esposa les mamara el pene, ella no podía más, me dijo que nunca había sentido tantas ganas de que la penetraran, parecía como que flotaba me dijo después. El que hablaba un poco de español y le decía: estás rica, buena, muy buena eres puta caliente cuando le acercó su pene a la entrada de su vagina mi esposa que tenía los ojos entrecerrados, los abrió y claramente pudo ver como éste hombrón con un miembro mucho más grande que el mío iniciaba su penetración sin condón, en eso me contó, me vino a la mente como un relámpago que estaba ovulando, que precisamente esa semana eran mis días más fértiles… me contó que se le salió decir muy fuerte: “Luis hijo de perra, lo planeaste sabiendo que éstos eran mis días fértiles…., estoy ovulando…. todo junto, el pene del francés en la puerta de mi sexo, saber que habías planeado los días, todo eso hizo que me excitara más me dijo ella, me penetró uno primero y otro y otro después me contó, primero en mi vagina y luego en mi ano, me dolió mucho cuando me penetraron por atrás, pero estaba yo tan caliente me dijo que una y otra vez se movía siguiendo el ritmo de sus embates. Me continuo contando, Una y otra vez les decía, así, así metemela, y sin pensarlo, empecé a gritar: si, soy una zorra, hazme tuya, embarácenme, quiero que me preñen, vénganse dentro de mi, quiero su leche, mucha leche, quiero tener un hijo de alguno de ustedes, soy una puta, quiero que hagan que me crezca la panza. Me contó: Uno primero y otro después y otro más me llenaron de su líquido blanco espeso, uno de ellos me dijo: yo creo que tenía mucho tiempo sin venirse porque sentí como me echaba lo que yo supuse eran litros de su semen. Mientras más pensaba yo en que me estaban penetrando sin condón y viniéndose dentro de mi, más me excitaba me contó Alba, una y otra vez suplicaba: así, así fuerte, termina dentro de mi. Vente dentro de mi soy una perra, putísima, soy su perra hagan lo que quieran conmigo…. Hubo un momento en que tenía tres penes dentro de mi, uno en mi vagina, el otro me tenía ensartada por el ano, mientras yo mamaba al tercero. Cuando me los sacaron estaba yo exhausta me dijo: “fue hasta ese momento que me vino a la mente que me habían penetrado tres hombres que yo ni conocía, eran extranjeros y aunque de buen ver, no sabía nada de ellos, me helé, me dijo mi esposa, me puse fria de miedo solo de pensar que alguno de ellos fuera positivo del sida”.


De las seis noches que pasamos en el hotel cuatro noches estuvieron los franceses en el cuarto acostandose con mi esposa, no hubo uno de los cinco que no estuviera con ella y todos se lo hacía sin condón.


El último día de nuestra estancia mi esposa me dijo si no notaba algo raro en uno de los franceses, le comenté que no y me dijo, fíjate bien, camina de manera muy delicada, ya son dos veces que se separa de sus amigos y camina muy misterioso atrás del bar. Una vez más cuando se paró y caminó hacia atrás del bar yo me levanté y caminé hacia el lado contrario desde donde podía ver la parte de atrás del bar. Para mi sorpresa pude observar como el francés, un negro de extraordinaria altura y muy musculoso, besaba a uno de los empleados del bar, una y otra vez, se besaban y movían las manos uno en el cuerpo del otro. Era evidente, era homosexual.


Regresé y con miedo le pregunté a mi esposa si la había penetrado el francés negro y se había venido dentro de ella, Para mi asombro, y sin saber qué decirle, me contestó que si, que curiosamente había sido uno de los que más veces se había venido dentro de ella. No pude emitir palabra alguna y preferí callar.


Una vez de regreso en casa no volvimos a tocar el tema por unos días, hasta que poco a poco empezamos a comentar las experiencias del viaje.


No había día que pasara sin que recordara yo al negro francés besando al empleado del bar del hotel. Me entraron dudas sobre si había sido buena idea la experiencia de mi esposa con el negro homosexual.


Pasaron los días y aunque tratábamos de no hablar mucho del tema yo estoy seguro que en la mente de mi esposa el fantasma de si había quedado embarazada siempre estaba presente. Por lo menos yo si pensaba cada día en esa posibilidad, qué consecuencias tendría nuestra calentura. Lo cierto era que lo hecho, hecho estaba y nada podíamos hacer ahora. Habíamos jugado con fuego sabiendo cuales podían ser las consecuencias.


Llegó el día que tanto habíamos esperado y a la vez temido o deseado, Alba me dijo una mañana que tenía ya más de una semana de retraso, muy raro en ella porque siempre había sido muy puntual en su regla.


Corrimos a la farmacia y compramos uno de esos kits de prueba del embarazo. Y ………. Alba estaba embarazada, la había preñado uno de los cinco franceses, cuál no sabemos. Mi esposa está en su quinto mes de embarazo y todas las pruebas que le han hecho han salido bien.. Los dos estamos contentos de tener otro hijo…

 

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